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El golpe avisa

Cuando una mujer llega a Medicina Legal para conseguir una certificación de la violencia física, acude bajo la condición de víctima de un hecho violento que ha dejado señales evidentes en su cuerpo. Así que el primer paso para poder demandar la agresión ante la justicia, es el auto reconocimiento como víctima.

Esta no es una operación fácil, para ningún ser humano y bajo ninguna circunstancia. En el caso de la violencia de pareja, además, significa aceptar la vulnerabilidad frente a alguien a quien posiblemente se amó. Es tan compleja la asunción como víctima, que incluso hay casos en los que las mujeres inventan excusas para evadir la dolorosa situación de acudir a las autoridades para demandar al agresor.

La manera como se presenta la violencia física contra las mujeres en las relaciones de pareja generalmente comienza con insultos, amenazas, seguimientos o exigencias, que son diferentes formas de violencia psicológica; o aplicando violencia sobre el patrimonio, controlando los ingresos o negando a la mujer la posibilidad de acceder al mercado laboral. Los investigadores del tema coinciden en afirmar que este tipo de conductas y los traumatismos físicos, hacen parte de un mismo proceso.

Luego de trabajar con mujeres víctimas de violencia, la doctora Leonore Walker profesora de la Universidad Nova Southeastern (Florida- EE.UU) y directora del Domestic Violence Institute, definió un “ciclo” de la violencia física que sirve como guía para la atención de este tipo de casos. La primera fase de este ciclo se llama “Acumulación de tensión”, durante la cual la víctima percibe que la persona responde cada vez con más agresividad y encuentra motivos de conflicto en mayor cantidad de situaciones; la segunda fase es el “Estallido de tensión”, cuando el hombre ataca físicamente a la mujer; a continuación viene una “Luna de miel”, etapa en la cual el agresor pide disculpas, hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Este momento final se reduce con cada agresión, hasta que desaparece; eso explica que en ocasiones la mujer agredida decida continuar en la relación, con la esperanza de que el episodio dulce se mantenga y los funestos no se repitan.

La violación sexual es una forma recurrente de violencia física de pareja estable, incluso en matrimonio, que poco o nada se denuncia. Sin embargo, de una agresión así puede resultar un embarazo no deseado. Si está en Colombia, ésta es su situación y decide interrumpir el embarazo, debe primero denunciar el hecho ante la Policía o la Fiscalía, y luego entonces solicitar la prestación del servicio de interrupción del embarazo al sistema de salud.


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